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Juro que voy a matar al que le contó a mi vieja que escribo esta columna de sexo. A ella, que con las performances de Isabella, Carla y demases, se acaba de enterar que su hijo tiene más kilometraje que el jeep de ?La Tierra en que Vivimos?. Harto raras las mujeres. Sueñan con alguna vez usar y exprimir a un hombre a su antojo. Pero ?ay! si una fresca se atreve a filetear al hijo de una. Todas las mujeres son hot, menos tu mamá y tu hermana. Todos los hombres son volteables, menos los hijos.
La duda es sobre qué voy a escribir ahora. Nada de revolcones, champañazos ni marranadas. A lo más vivencias con algo de softcore teen, adornadas con sentimientos y moralejas luminosas. Como las columnas de Milagros, mi colega de fin de semana por medio. Abrir el corazón, aunque duela. Explorar esa parte femenina que ?todos los hombres tienen?, dice siempre la Ale. Trataré de creerle, por mucho que su frase me huela a mimos, saltimbanquis y mijitinadas.
Ok, ¿Quieren confesiones dolibles? Yo también tengo sentimientos. A veces de tanta aventura sin compromiso, de tanto bajar ebony, chearleaders y gang bangs en la web, me vienen así como las dudas existenciales. Quién soy, de dónde venimos y a dónde vamos (sorry por la brocha gorda, pero escribo esta columna tarde).
El otro día me dio por jardinear. Recordé que en el departamento tengo un Palo de Agua y antes de que se secara lo cambié de maceta. Le puse música para revivirlo. Hasta le conversé cuando le quité las colillas de su tierrita. Justo cuando iba a abrazarlo llegó Andrés, mi room-mate, de una despedida de soltero, con dos amigas que estaban acompañando al novio en la fiesta.
Aunque me resistí al principio, al rato estábamos bailando, mi amigo con ?Anabella? y yo con ?Kimberly?. Sanamente, como jóvenes de hoy en día. Las dos eran tan profundas e interesantes, que daba lo mismo con cuál charlaras. Como capté que ?Kimberly? parecía tener un aura más redondeada y prieta, congeniamos enseguida.
Me bajó el sueño. Pero Andrés trajo un tequila y ofreció preparar golpeados. Que quédate, Lucas, si no es tan tarde, que con quién va a bailar la Kimberly. Ya bueno, un rato. Al segundo golpeado igual era temprano. Al tercero le dije a la Kim (ya estábamos en confianza) que, fuera de tallas, mirarla me provocaba algo.
Tan agradecidas estaban ellas que al cuarto golpeado quisieron agasajarnos. Puse How can you mend a broken heart, de Al Green, y empezaron a bailarnos. Por sus caricias mutuas, quedó claro que se estimaban y que se tenían una confianza de hermanas. Aplaudimos a rabiar con mi amigo cuando ellas terminaron su performance.
Entonces, Anabella tomó a Andrés, mientras yo fui confiscado al asalto por Kimberly. Lo que vino fue puro sentimiento diáfano. Vengan golosos, que queremos sentirlos. ¿Acá mismo? Sí, acá, papito. ¿Te gusta?. Kim, no te saques esas botas. Eres toda una artista. Genial, Anabella, sigue así. Oh, Dios, espérame.
El problema es que cuando desperté al día siguiente, estaba botado en el living y con el peor hachazo de mi vida. Miré la hora, pero no tenía reloj. Tampoco celular ni billetera. A metros yacía Andrés, de cúbito dorsal (estómago al aire), igual de desvalijado. Miré alrededor, vi el Palo de Agua tapado de colillas y lo recordé todo. Partí al baño y con un temor inexplicable, me miré al espejo. Gracias a Dios, con alivio vi lo de siempre: un pecador asumido. Nada más tenía que encargarme de que mi vieja no leyera el diario los domingos y listo.
Fecha: 02-12-2008
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