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Tengo que reconocer que, pese a no conocernos, Lucas y yo nos comunicamos por vía electrónica. El otro día me preguntó si alguna vez me había enfrentado a la impotencia masculina temporal, esa que no es patológica, sino que bajones (sic) que toman por sorpresa y después de un tiempo, todo vuelve a la normalidad.
Le contesté que en esas instancias yo asumía que la causante de ?la baja? no era mi falta de erotismo, sino razones que escapaban de mi control, como una mala racha en su trabajo u otros. ?Si de algo estoy segura es ser capaz de calentar a un pescado?.
Luego divagué sobre los dos tipos de impotencias pasajeras femeninas, ésas que tampoco se diagnostican como patológicas. La primera es cuando estoy ardiendo, en pleno tackle amoroso, pero me es imposible alcanzar el orgasmo. Generalmente me acontece sin previo aviso y por causas aún desconocidas.
El segundo (y el peor) es cuando siento que viene, estoy excitadísima, que... ay..., ya, ya, casi... ayayayayyyy, ahora sí... estoy al borde, ay diosito... que sea avasallador... ya, ahora, ahora... viene... viene, viene... y se fue. Un orgasmo del porte de un maní, piñuflo. Por la flauta, tanto que lo esperé, lo cuidé, me esforcé y me entregué y pasó sin apenas darme cuenta. ?De ahí en adelante, Lucas querido, se te va todo a la mierda, porque el cuerpo reacciona como si hubiese sido un huracán y no es fácil reiniciar la segunda vuelta?, le respondí.
Apagué el PC y mientras me arreglaba, decidí estrenar una sorpresita que había comprado en un viaje, unos sostenes de un cuarto de copa. La gracia es que sostienen, juntan, forman y suben con prácticamente toda la pechuga afuera, incluido el pezón. ?Le va a encantar!, pensé, especialmente si los uso con una blusa de seda satinada que perfilará de manera inmediata y veraz cuando me entre el frío... o el calor, y lo va a matar de la emoción en esa aburridísima comida con associates de oficina.
La noche iba encaminadísima al amor y al placer. El había estado de viaje y yo sólo había acumulado puntos ganosos.
El juego previo estuvo magistral, como para otra columna. ?Es tan ingenioso! Yo estaba dichosa de sentirlo de nuevo, cerquita, casi debajo de mi piel. El primer round, se lo regalé, only for your pleasure. En un dos por tres, él estuvo listo para una segunda batalla. Fue un ascenso furioso, increíble, pensé que el corazón me explotaría... cuando me acordé de Lucas y de nuestro último intercambio literario. Y ?boom!, me fui a las profundidades psicológicas que impedirían alcanzar esos segundos de gloria. En un último esfuerzo, meneé la cabeza para deshacerme de los malditos pensamientos. Ningún resultado. En el intertanto, él se contenía y se contenía, esperándome, besándome, hablándome como sabe que me gusta. Yo emprendí dos caminos paralelos. A mi amado le personifiqué una mujer completamente absorta en el sabor de su sudor, atenta a sus movimientos y pidiéndole más. En el camino de la razón, comencé a maldecir a Lucas. ?Maldito! Finalmente, mi hombre fue increíblemente feliz y me lo dijo con la respiración entrecortada. Eso sirvió, en parte, para aplacar mi frustración, mientras que los cariños posteriores me ayudaron a sacar de mi cabeza a Lucas... hasta que empecé esta columna.
Fecha: 06-10-2008
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