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¿Usted sabe qué es un zapping? Esta palabra inglesa significa algo así como el equivalente de "vitrinear". Se incorporó al lenguaje coloquial a partir de la utilización del control remoto en los televisores, y define la acción de cambiar permanentemente los canales disponibles en una especie de recorrido constante que permite ver simultáneamente varios programas, sin concentrarse en ninguno de ellos. Verdadero fantasma para los publicistas y medidores de ratings televisivos, es en el seno de la pareja un instrumento de poder, que como tal ni se cede ni se delega, sólo se ejerce.
Quien posee el aparatito (habitualmente el hombre) ejecuta una especie de ritual esquizoide imposible de compartir, y que sólo tolera quien lo ejecuta.
El zapping es una acción básicamente masculina que ejemplifica con claridad la falta de constancia hacia el estímulo y la pasión por la diversidad que caracteriza a los varones, hecho claramente comprendido por los fabricantes de televisores que actualmente ofrecen unidades capaces de sintonizar, en una pantalla dividida, dos y hasta tres canales simultáneamente.
Las mujeres, cuando logran apropiarse -aunque sea por unos minutos- del control remoto, suelen buscar opciones hasta que logran interesarse por una de ellas y permanecen allí hasta que se aburren o hasta que el programa finaliza. Su actitud parece indicar que ellas tienen mayor facilidad para permanecer fieles al estímulo. Hombres y mujeres tienen entonces una conducta diferente en torno al tema, que representa un estilo más general propio de cada género.
Surge entonces una interrogante: ¿serán estas acciones ligadas al uso que se le da al control remoto del televisor extensibles hacia otros órdenes de la vida cotidiana? La respuesta es afirmativa, ya que toda acción en el marco de la pareja, por pequeña e insignificante que parezca, resulta una metáfora de otras interacciones más complejas.
En este caso de lo que se trata es de las relaciones de poder y de control, por ello es un buen ejemplo para examinar el modo en que la pareja afronta sus diferencias. Imagine usted un dormitorio donde el matrimonio está cómodamente instalado en la cama frente a un televisor, y ambos tienen en su mano sendos controles remotos. ¿Qué piensa usted que ocurriría? Cree que se alternarían en su uso, ordenada y democráticamente. O que talvez iniciarían una desesperada carrera para ver quién resulta al fin capaz de zapear más rápido. O quizás, hartos de conflicto, se arrojen los controles a la cabeza. O por fin, convencidos de la inutilidad de la lucha, talvez apaguen el televisor y se dediquen a hacer el amor.
La opción imaginaria que usted elija representa un estilo de convivencia: competitivo, evitativo, de colaboración o de acomodación.
Revela el modo en que las parejas solucionan las divergencias, hecho que es fundamental en su coexsitencia y proyección futura, porque no es la ausencia de conflicto lo que caracteriza a las parejas armónicas, sino el modo en que lo resuelven cuando se presenta.
El zapping y su instrumento maléfico, el control remoto, resultan una buena excusa para reexaminar las relaciones de poder y sus efectos sobre la pareja. Un buen motivo para observar cómo se comparten
los intereses, o cómo se enfrentan, y qué tipo de emociones se producen de este enfrentamiento, porque la vida en pareja es continua, no se compone de retazos aislados; por ello, un indiscriminado uso de privilegios genera rencor que, aunque no se exprese en el instante mismo, se acumula y se manifiesta en otros ámbitos, como por ejemplo en la lejanía afectiva o en la falta de deseo.
La reflexión y la comunicación pueden llevar a entender las relaciones de poder, aunque aparezcan ocultas en acciones tan aparentemente inocentes como el zapping.
Fecha: 09-01-2009
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