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Hay un término, desconocido para algunos, el de salud sexual, enunciado por la Organización Mundial de la Salud, que reconoce en la vivencia sexual un factor de bienestar y sanidad. El término alude a la importancia de que los individuos, hombres y mujeres, propendan a una experiencia sexual satisfactoria y, por ende, saludable. El contacto, el afecto y la comunicación son vitales para los seres humanos. La actividad sexual se torna enriquecedora para la salud en tanto sea vivenciada con una actitud mental que considere lo sexual como una parte de la naturaleza. La vivencia sexual conecta con el placer, lo mágico, lo trascendente y lo "divino". Imprime un sello particular al hacerse entre dos y nos inunda de energía nutritiva.
Ahora bien, lo importante para esto es que las personas se "den permiso" para disfrutar. Si la actividad sexual es vivida como "pecado" o como "tarea", no contribuirá al bienestar general, y más bien puede traer problemas o quejas. Por el contrario, si se le reconoce como espacio de encuentro, de disfrute, de entrega de cariños mutuos y compartidos, la intimidad sexual se torna lúdica, erótica y entretenida, y de este modo se convierte en un elemento de crecimiento para la pareja y para cada miembro en lo individual.
Una pareja que logra una vida sexual satisfactoria funciona mejor también en otras esferas de la cotidianeidad. De la misma forma se potencia el cuidado y la consideración por el otro, el compañerismo, el "compincheo" y la tolerancia. Sin embargo, no hay que pensar que la actividad sexual por arte de magia resuelve todo. No es así. El trabajo amoroso, la seducción constante, la compañía, la honestidad y la confianza son ingredientes esenciales para que la actividad sexual se enriquecedora y aporte a la salud integral de los seres humanos.
Fecha: 02-12-2008
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