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En ambos casos, la lectura subyacente es la de una fertilidad garantizada y un sistema inmune poderoso, pues producir ciertos rasgos tiene un costo biológico que sólo un individuo físicamente más capacitado puede resistir.
La atracción por una persona normalmente va acompañada de sutiles gestos físicos, como el rubor del rostro, la palpitación acelerada o la extraña embriaguez que se siente ante la presencia de alguien que nos atrae. Detrás de todas estas sensaciones, muchas veces indescriptibles, se esconde una silenciosa explosión -tanto a nivel neuronal como hormonal- que hacen posible, más tarde, experimentar el placer y bienestar asociados al sexo.
El camino al orgasmo comienza con la secreción de hormonas como la dehydroepiandrosterona (Dhea), las que a su vez liberan feromonas, que actúan como una especie de afrodisíacos. Estas incrementan el impulso sexual y comunican imperceptiblemente las hormonas de una persona con las de la otra, constituyendo lo que se conoce como la química del amor. Paralelamente, a nivel cerebral y neuronal, se liberan neurotranmisores como la dopamina, encargada de regular el nivel de la serotonina, "cuando esta sustancia está en baja cantidad, intensifica el placer sexual, por lo tanto se puede llegar al orgasmo con facilidad", señala el experto en sexología Eduardo Pino.
Fecha: 02-12-2008
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