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Su hijo, a pesar de todos los consejos (y las cajitas de preservativos) que ustedes le dieron, igual dejará embarazada a su novia. Su hija, en cualquier momento, también aparecerá embarazada. Además, hagan lo que ustedes hagan, siempre sostendrán que no les brindaron educación sexual suficiente.
Si en las vacaciones arrienda una casa con un solo ambiente, sus hijos no se irán nunca para brindarles a usted y su cónyuge la oportunidad de hacer el amor. Si, en cambio, hay otra pareja, nadie se moverá de la casa esperando en todo momento que la otra pareja se vaya.
Si el rouge que su amante tenía en los labios ha desaparecido... aparecerá en el cuello de su camisa o en su pañuelo de bolsillo. Y su esposa lo verá.
Si su marido aparece de repente, sin que nada lo haga sospechar, con un precioso (y costoso) ramo de flores, hay dos posibilidades: o acaba de engañarla y pretende limpiar su conciencia... o la amante acaba de rechazarle el ramo.
Cuando por fin se ponga siliconas y está dispuesta a lucir un provocativo topless en su próximo veraneo en el mar, se pondrán de moda las mallas cerradas hasta el cuello.
Usted jamás podrá convencer al vendedor del porno shop que el vibrador que está comprando es para divertirse en compañía de su esposa y para uso exclusivo de ella. Haga lo que haga por convencerlo, él creerá que usted es homosexual.
Si es tímido y pretende arrendar una película erótica, siempre lo atenderá una mujer. Si la compra en una tienda... siempre lo atenderá una mujer.
La próxima vez que necesite un preservativo descubrirá -cuando ya todas las farmacias estén cerradas- que no le queda ninguno.
Si su nueva pareja es perfecta, indudablemente le está ocultando algo gravísimo.
No se desespere si un encuentro amoroso sale mal. Disfrútelo, porque el próximo saldrá peor.
Fecha: 02-12-2008
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