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Viaje en solitario
El erotismo bien entendido es un delicado arte al que deberíamos entregarnos mucho más a menudo. Y la soledad no es un impedimento. Almohadas entre las piernas, el chorro de la ducha, dedos índice y mayor, la palma de una mano, incluso un vibrador... Todo sirve para caricias y estimulaciones en clítoris, nalgas, pezones y pubis.
Imaginación e instinto, al igual que en pareja, son fundamentales para el viaje al placer en solitario. Ningún día es idéntico a otro, la manera de disfrutar también varía porque, evidentemente, el ánimo se va modificando. En una jornada se puede necesitar una fantasía romántica. En otra, un fuerte video erótico. Sin embargo, en cualquiera de los casos, la cinta que pasa por la mente es la que debe estar sin cortes ni censuras.
Una escenografía ad hoc es importante: velitas encendidas, música de fondo, un perfume (¿qué tal el que usa él?), ropa sexy, un espejo. La líbido no permanece indiferente ante este arsenal afrodisiaco. Y aunque el clítoris sea la mejor fuente de sensaciones, prueba a conocer también la vagina. Una buena manera de potenciar las aptitudes de amante es entrenar los músculos vaginales, tensándolos y relajándolos varias veces al día. El ejercicio no sólo produce placer en el compañero, sino también en el propio cuerpo.
Fecha: 09-01-2009
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